CASA DE MADERA

Casa Méntrida, Madrid 

Una familia numerosa. Una parcela pequeña. Una normativa exigente. Y una respuesta que demuestra que la arquitectura sostenible no tiene por qué ceder ni un milímetro de confort ni de carácter. 

El reto: Cuando la normativa pone las reglas, la arquitectura pone la magia 

El solar del proyecto es lo que los urbanistas llaman «complicado»: retranqueos obligatorios que recortan la planta, alturas máximas que comprimen la sección, y la necesidad de alojar con holgura a una familia numerosa. Un puzzle que, sin la combinación adecuada de ingenio y técnica, tiene pocas soluciones elegantes. 

La respuesta no fue renunciar a nada. Fue diseñar un patio inglés que recupera la planta sótano como zona de juego y relax, distribuir el programa en tres niveles conectados por una escalera de madera y metal que se convierte en el corazón de la casa, y envolver todo ello en una piel blanca minimalista que dialoga sin estridencias con el tejido residencial del entorno. 

Cada decisión proyectual tuvo una doble función: resolver un problema normativo y generar un espacio de calidad. Así surge Casa Méntrida: no como concesión a las limitaciones, sino como destilación de lo que la arquitectura puede hacer cuando trabaja con inteligencia. 

Ocho días. De solar a esqueleto. 

La estructura de entramado ligero de madera se montó en solo ocho días. No es un eslogan: es la consecuencia directa de una industrialización bien planificada, en la que los paneles llegan a obra predimensionados y el ensamblaje se convierte en una coreografía precisa. 

Frente a la construcción convencional en hormigón o ladrillo, el entramado de madera reduce drásticamente los tiempos de ejecución, minimiza los residuos en obra y ofrece un comportamiento estructural y térmico muy superior. Los muros son delgados por fuera y cálidos por dentro: el aislamiento de fibra de madera trabaja integrado en la propia sección estructural, sin puentes térmicos, sin fisuras en la envolvente. 

El resultado visible es una casa que, desde fuera, parece una caja blanca austera. Desde dentro, es un bosque domesticado: vigas a la vista, estructura pintada en verde salvia, madera natural en escalera y revestimientos. 

Eficiencia energética 100 euros al mes impuestos incluidos único consumo. Para seis personas. En pleno invierno madrileño. 

No es una estimación teórica. En los meses de diciembre y enero, la factura mensual total—incluyendo cuotas fijas, peajes e impuestos— ha sido de 100 €. Eso es climatización, agua caliente sanitaria para seis personas, cocina, iluminación y todos los electrodomésticos. Juntos. 

Esto es lo que ocurre cuando una envolvente Passivhaus bien ejecutada trabaja con las instalaciones adecuadas. 

El estándar Passivhaus exige una envolvente sin fisuras: sin puentes térmicos, con una estanqueidad al aire muy superior a la construcción convencional. El aislamiento de fibra de madera, combinado con una barrera de control de vapor bien ejecutada, garantiza que el interior permanezca a temperatura confortable prácticamente sin aporte energético adicional. 

La ventilación mecánica con recuperación de calor @Zehnder, la aerotermia @Daikin y la protección solar @Griesser forman un ecosistema de instalaciones que trabaja de forma coordinada. El resultado es una casa que no necesita calefacción convencional, que renueva el aire sin perder energía y que se adapta a cada estación sin que sus habitantes tengan que intervenir. 

Casa Méntrida es el resultado de un trabajo en equipo donde cada agente —proyectistas, constructora, industriales especializados— comparte el mismo nivel de exigencia.